cuerpo y alma

cuerpo y alma

De esa noticia del Guardian sobre el hombre paralizado que se recuperó. No hace falta ser paralizado ni físicamente ni clínicamente para sentir lo que él sintió, esa profunda soledad que no tiene nada que ver con la proximidad de las personas sino la terrible convicción de la imposibilidad de comunicarse con alguien. Es decir, emitir enunciados y recibir una respuesta satisfactoria. Pero claro, como sociedad estamos tan pegada al cuerpo, lo único que vale es el cuerpo. Lo único que recibe atención es algún problema del cuerpo. O sea, solo vale interpretar el dolor, físico o psicológico, a través del cuerpo y los cuerpos. Si el cuerpo duele o no funciona se justifican los sentimientos. Si hay cuerpos compasivos cerca o no también. Pero no es eso. El dolor penetrante de la soledad no tiene nada que ver con los cuerpos o las situaciones externas, tangibles y entendibles. Es otra cosa. Mucho más compleja, expansiva, inefable. Y a la vez es muy sencillo. Puede desvanecerse en un momento. Lo que los cuerpos llamamos un milagro, pero solo es en realidad un parpadeo, mirar de soslayo, rack focus, o cambio temporal y espacial entre un plano y otro.

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